Segun el ultimo articulo de Yoani Sánchez en el diario digital 14ymedio, Yoani conocio “a un corresponsal extranjero radicado en en Cuba que contaba una anécdota absurda y reveladora. El Centro de Prensa Internacional (CPI) lo había llamado para amonestarlo sobre el contenido de un artículo”.

El periodista accedió asisitir a la reunión y “llegó al edificio de la céntrica calle 23, donde radica el CPI, y fue conducido a una oficina con dos hombres de semblante molesto. Después de brindarle café y hablar de otros temas, pasaron al grano. Reprochaban al periodista un reportaje donde había mencionado a Cuba como ‘la Isla comunista’. La sorpresa del corresponsal fue mayúscula, pues los anteriores llamados de atención que había recibido eran por ‘reportar sólo lo malo de la realidad cubana’ o ‘no tratar con respecto a los líderes de la Revolución’, pero nunca imaginó que esta vez lo iban a regañar por todo lo contrario”.

Segun el informe, los censores “no les había gustado nada el uso del adjetivo ‘comunista’ para caracterizar [el] país. El periodista pregunto “¿Pero aquí gobierna el Partido Comunista, verdad?” La respuesta del funcionario “de mayor rango” fue simplemente “sí, pero tú sabes que esa palabra luce mal, no nos ayuda”.

El periodista “se quedó con la boca abierta unos segundos mientras trataba de comprender lo que decían y encontraba una respuesta que no fuera una sonora carcajada”.

Con eso en mente “el corresponsal sabía que molestar al CPI podía traer más que un simple tirón de orejas. En las manos de esa institución están también los permisos para que los periodistas foráneos puedan importar un auto, alquilar una casa y –en aquel momento– hasta comprar un aire acondicionado para su habitación. El dilema que tenía como informador era ceder y no volver a escribir ‘la Isla comunista’ o entrar en un conflicto con la institución, donde él tenía todas las de perder”.

Yoani luego escribe que “los mecanismos de control sobre la prensa extranjera van más allá de los llamados de atención del CPI. Basta que un corresponsal contraiga matrimonio en la Isla, cree una familia en esta tierra, para que su objetividad pase a estar en duda. Los órganos de inteligencia saben como tirar de los hilos del temor que provoca cualquier daño o presión sobre un ser querido. De esa manera logran atemperar el grado de crítica de esos corresponsales ‘aplatanados’ en Cuba. Las prebendas constituyen también una atractiva zanahoria para no tocar en sus artículos ciertos temas espinosos”.

Como uno de los más prominentes periodistas independientes de Cuba, Yoani también ofreció algunos consejos para la prensa extranjera en La Habana…”Las agencias de prensa necesitan reforzar y revisar asiduamente sus códigos éticos cuando de Cuba se trata. Deberían regular el tiempo de estancia en la Isla de sus representantes, porque cuando pasan largos años aquí crean vínculos afectivos que pueden convertirse en el objetivo de chantajes y presiones desde el oficialismo. Un examen de objetividad –de vez en cuando– no vendría nada mal, dada la posible coacción o síndrome de Estocolmo que podrían sufrir sus empleados. La credibilidad de un gigante de la información depende en ocasiones de un individuo que valora más el nuevo auto importado o a su joven y bella pareja cubana, que el compromiso con el periodismo”.

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