Por  Matthew Brady y M. L. Brillman

El ayuntamiento municipal de Galway torpedeó planes para erigir un monumento a Ernesto “Che” Guevara, pero la mera propuesta es repugnante para los que conocen los crímenes de Guevara.

El plan para construir la estatua surgió al parecer por iniciativa del político laborista irlandés Billy Cameron.  El ayuntamiento de Galway aprobó una moción inicial el 3 de marzo de 2012 y la construcción se programó para finales de 2012 ó 2013 pero el proyecto nunca se materializó debido a críticas generalizadas, incluidas cartas públicas de los congresistas estadounidenses Mario Diaz-Balart e Ileana Ros-Lehtinen.

La propuesta misma refleja el éxito del €he Guevara como marca (el uso de “€” es intencional).  La economía cubana está construida, en parte, sobre el mito de un paraíso socialista y el papel de Guevara en ese mito ha sido preparado, empacado y exportado en libros, tarjetas postales, fotos, carteles, cuadros, videos, t-shirts, boinas y similares artilugios.  En realidad, cada personaje impresentable tiene sus admiradores, pero la popularidad póstuma de Guevara como símbolo global de la revolución ha sido abrazada por millones de desinformados que nada saben de su pasado de asesino.

Ellos solo ven lo que Hollywood y autores recientes han retratado: un relato romántico y unilateral de fragmentos de la vida de Guevara.  Solo ven al joven idealista de Viajes en moto. Irónicamente, Guevara se ha convertido en símbolo de la comercialización capitalista y el consumismo conspicuo, los mismos conceptos contra los que supuestamente luchó, incluido un profundo odio hacia Estados Unidos.  Las t-shirts y los carteles con su imagen aparecen ahora por doquier en las universidades de jóvenes de familias acaudaladas, con lo que se diluye su supuesto mensaje populista de la lucha de clases.

Pero la realidad es que Guevara supervisó o participó directamente en miles de ejecuciones sumarias sin juicio durante y después de la apoteosis de la Revolución Cubana.  Casi todos los cubanos que viven en Cuba o en el exilio saben de La Cabaña, donde Guevara creó –como dijo un cubano – “una producción en serie de tortura, crímenes y asesinatos” durante la Revolución Cubana.  Si bien las malas obras de Guevara son ampliamente conocidas en Cuba, la conciencia sobre el Guevara asesino solo ahora se está abriendo paso fuera de la Isla – véase el Archivo Cuba y el libro titulado El verdadero Che Guevara y los tontos útiles que lo idolatran, de Humberto Fontova.

Regresando al asunto de Galway, uno no puede sino preguntarse, ¿No pudo hallar el ayuntamiento municipal un mejor candidato para homenajear?  El linaje de Guevara que conduce al clan Lynch de Galway no está claro.  No hay ninguna fuente ni informe que haya confirmado de modo concluyente el ancestro irlandés de Guevara por vía materna, paterna, o de ambas, o si eran de Galway o de Cork.

Galway debe en última instancia recibir un aplauso por rechazar los caprichos de unos pocos izquierdistas trasnochados, pero este debía ser el último intento por glorificar a Guevara en ninguna parte del mundo, porque hacerlo es una falta de respeto a sus víctimas y una ofensa a lo humano. Y si Galway sigue buscando una muestra de iconografía en granito, sus líderes bien podrían honrar a la titular del Premio Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi, quien estuvo en Irlanda el mes pasado para recibir un doctorado y asistir al concierto “Electric Burma” donde actuaron los músicos irlandeses Bono, Bob Geldof y Damien Rice.  Eso si habría valido la pena un viaje a Irlanda.

(Publicado en el Huffington Post)