Por Dr. Oscar Elías Biscet

La semana que viene el Papa Benedicto XVI vendrá a Cuba. Se trata de la primera visita papal a mi país en más de una década. En esta visita planificada de tres días Su Santidad se reunirá con los dos hermanos Castro y sus subordinados, además de traer su mensaje espiritual al pueblo cubano.

Muchos son los factores que entrarán en juego. Esta visita es una oportunidad única para que el líder de la Iglesia Católica use su prestigio  e influencia en apoyo de los oprimidos y ayude al pueblo cubano a conquistar su libertad y establecer la democracia.

Mi país sigue estando manejado por un régimen brutal que oprime al pueblo y le viola sistemáticamente sus libertades básicas. La dictadura es una reliquia de la Guerra Fría, y sin una  presión internacional fuerte hay pocas esperanzas de cambio.

Cuba es un estado policial, en el cual los agentes del gobierno acosan y espían a aquellos que defienden los derechos humanos. Los que buscan un cambio político y pacífico son golpeados, detenidos y encarcelados arbitrariamente en base a infracciones orwellianas, por ejemplo por “faltar el respeto a los símbolos patrios” o por “insultar los símbolos de la patria”.

La seguridad del Estado vigila de cerca la vida diaria de los ciudadanos, interviene la correspondencia, las llamadas telefónicas y los correos electrónicos. No hay prensa libre y el único periodico es el de la dictadura. Los periodistas independientes que tratan de desafiar la propaganda estatal son amenazados y encarcelados.

Las cárceles cubanas son verdaderos infiernos donde existen a diario violaciones flagrantes de la dignidad  humana.  He pasado  12 años de mi vida en prisión. La última vez fui acusado de lo que ellos llaman “delitos contra la seguridad del Estado”. Mi único “delito” consistió en solicitarle al Estado cubano que respetara los derechos humanos fundamentales de todo ciudadano cubano.

El sistema penitenciario de Cuba viola de manera flagrante los requisitos mínimos de cuidado de prisioneros establecidos por las Naciones Unidas. Durante mis años en prisión, presencié  personalmente prisioneros que eran mantenidos hasta 12 horas y a veces hasta  mas de 24 horas con las manos esposadas en la espalda y los pies encadenados; prisioneros desnudados sin respeto alguno al pudor humano; prisioneros mantenidos durante meses en celdas  sin ventilación, luz natural, agua potable o instalaciones sanitarias, además del uso de pistolas Taser para torturas físicas y sicológicas; Como forma de castigo se le negaba a los reclusos la atención medica.

Un caso en particular ocurrió en el 2010 en el piso dos del edificio uno en la prisión Combinado del Este, y es el caso de un prisionero joven que sufría  de dos condiciones médicas  crónicas: Asma bronquial y   valvulopatia  cardíaca  y cuando se quejó que no lo llevaban a ver al médico  le dieron una paliza en la cual murió. En mi caso particular tres prisioneros trataron de asesinarme en diferentes ocasiones, dos de ellos fueron contratados por oficiales militares de ciudades en el interior del país.

He sido y continúo siendo testigo de la destrucción personal que el régimen inflige sobre aquellos que ofrecen una voz alternativa. En mi caso, el acoso comenzó en la década de los 90.   En 1998, mientras hacia una presentación sobre el derecho a la vida en el Hospital Materno Infantil 10 de Octubre, una turba del partido comunista me expulsó  violentamente del recinto. Desde entonces se me ha negado  practicar mi profesión de  medicina.

Mi esposa y mi hijo eran amenazados para que me abandonaran. Se nos desalojó de nuestra casa. La policía estatal me dio una paliza fracturándome el pie derecho.

A pesar de la brutalidad, miles de cubanos valientes e indiferentes a la amenaza de la tortura y la muerte, hacen frente a los hermanos Castro y exigen sus derechos fundamentales.  Sus filas  siguen creciendo.

Yo no estoy solo en esta lucha, pero necesitamos la ayuda de la comunidad internacional.

La Primavera Árabe es simplemente la demostración más reciente de que es posible el cambio democrático  impulsado por el pueblo. En los últimos años hemos visto el éxito de movimientos democráticos pacíficos en el resto de América Latina y en el antiguo bloque soviético. En la mayoría de estos lugares su advenimiento dio como resultado la libertad, la reconciliación nacional y prosperidad. Podemos lograr los mismos resultados en Cuba y así lo haremos: una Cuba donde seamos libres y soberanos. La comunidad internacional tiene el deber de ayudar en calidad de socios, proporcionando la atención y los recursos diplomáticos que nosotros no podemos reunir desde mi patria.

La visita del Papa es importante porque la Iglesia Católica ha jugado un papel crucial en la expansión y protección de las libertades cubanas en el pasado. Mi propia liberación de la prisión y la de otros opositores fue negociada principalmente por la Iglesia Católica.

Para aquellos que anhelamos una Cuba libre, nuestras demandas son sencillas: el respeto a la libertad de expresión, libertad de asociación y de reunión y elecciones multipartidistas, donde el voto de cada ciudadano le permita a los cubanos decidir su futuro en un país donde ningún cubano sea exilado por sus creencias políticas.

Estos son los bloques de construcción de una Cuba verdaderamente libre y próspera. La próxima visita del Papa Benedicto XVI representa una oportunidad única  para que el pueblo cubano se manifieste y ejerza  presión sobre la tirania para que se celebren elecciones libres y multipartidistas y Cuba se una a los países libres y democráticos del mundo.  Le pido al Papa Benedicto XVI que se centre en esta idea para que ocurra un cambio rápido en mi país y que podamos vivir en libertad. Orare para que lo pueda lograr.

El Dr. Oscar Elías Biscet es presidente de la Fundación Lawton de  Derechos Humanos.

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