…a menos que al gobierno cubano no le importen sus vidas, lo cual pudiera muy bien ser el caso.
Orlando Zapata Tamayo murió en prisión en febrero de 2010 tras una huelga de hambre de más de 80 días. René Cobas murió en prisión tras varias semanas de huelga de hambre, durante la cual el gobierno rechazó concretamente el dictamen de un médico de que Cobas fuera trasladado a un hospital. Y en días recientes, el 19 de enero, Wilman Villar Mendoza, detenido originalmente el 14 de noviembre de 2011 por participar en una manifestación noviolenta con la Unión Patriótica de Cuba, murió tras casi siete semanas de huelga de hambre.
Dejar que murieran estos tres demuestra una total insensibilidad por lo humano, pero también pudiera ser una táctica para eliminar “indeseables” de la sociedad cubana. ¿Pero por qué razón optaría el gobierno cubano por dejarlos morir? La respuesta está en la cuba actual.
En 2012, más que nunca antes, se acepta universalmente el deber del Estado de proteger y apreciar la vida de todas las personas. Por ende el gobierno cubano tenía la evidente responsabilidad de impedir que murieran. También se reconoce ampliamente que los proclamados tres pilares de la Revolución –salud pública, educación e industrialización- colapsaron hace mucho. La mayoría de los hospitales carecen de medios e instalaciones modernos, y la salud gratuita para todos es una farsa porque muchos médicos tienen que cobrar por sus servicios para poder vivir. Los fracasos en la ediucación y la economía se reflejan en los millares de cubanos que se van de Cuba cada año para buscar trabajo, oportunidades y un salario porque el país está en bancarrota. Todo esto significa que el gobierno cubano los deja morir pese a su obvio deber de salvaguardar las vidas de los ciudadanos y sin que haya una “Revolución” que proteger.
Por otra parte, el bastón de mando ha pasado de Fidel a Raúl, quien está poniendo en práctica su versión de estatismo post Fidel con un sistemático fortalecimiento de los mecanismos de control que siguen encumbrándose sobre la vida cultural, económica, política y social. Cuba se encuentra ya bien en un período de pretransición a una economía de mercado o en vías de establecer un capitalismo clientelista con los hombres de confianza de Raúl que ya dominan el Partido Comunista y las corporaciones estatales, con esta última posibilidad como más probable a medida que pasa el tiempo. Raúl también parece estar evaluando qué lecciones del antiguo bloque soviético, China, Venezuela y Vietnam son las más efectivas para aumentar el patrimonio familiar y la permanencia en el poder mientras impide que los halcones cubanos den un golpe de estado. Con su hermano Fidel enfermo y apartado, Raúl necesita cuidarse las espaldas de los que vayan ocupando los puestos más prominentes.
La conclusión, por lo tanto, es que estas tres muertes fueron resultado de los esfuerzos de los actuales líderes cubanos por mantener el control social, acallar las protestas públicas e impedir el activismo cívico mientras ganan tiempo para que la reforma económica controlada surta efecto.
A la muerte de Villar Mendoza, el gobierno cubano reaccionó rápido. Los blogueros oficialistas le llamaron enemigo del Estado, traidor y gusano. Pero también el gobierno liberó de inmediato otro preso político, Guillermo Fariñas, que había sido detenido injustamente y que tiene la capacidad de movilizar la prensa internacional, especialmente desde que ganó el Premio Sajarov 2010 a la Libertad de Pensamiento. La liberación de Fariñas sugiere que hay miembros del gobierno cubano que pudieran ocasionalmente ser sensibles a la “mala prensa” ‘a falta de una frase más feliz- lo cual podría ser una buena señal para los presos en huelga de hambre en las próximas semanas.
Un tema más fundamental, sin embargo, es cuántos presos tendrán que morir en huelga de hambre antes de que el resto del mundo se fije en ellos. Ya sean presos comunes o prisioneros de conciencia, el respeto al valor de la vida de una persona está consagrado en las grandes religiones del mundo y en todos los documentos fundamentales de derechos humanos, pero debe concederse una atención especial a prisioneros de conciencia que estén injustamente encarcelados. Zapata Tamayo, Cobas y Mendoza recurrieron a la huelga de hambre como último recurso. Habiendo escogido el camino de la noviolencia, no les quedaba otra arma. Ofrecieron sus cuerpos por lo que ellos creían era un mayor bien para todos los cubanos. Es hora de que el resto del mundo se fije en esto.

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January 30, 2012
Editoriales